viernes, 22 de febrero de 2013

Relato de 100 palabras

Cada mañana pasaba por la misma esquina. Allí había un bar, que desprendía olor a café y a pastas recién hechas. En el escalón de la entrada, un viejo ciego vendía lotería. No tenía suficiente dinero ni abrigo para protegerse del frío, aunque parecía feliz. Yo no le prestaba demasiada atención, tampoco entendía por qué seguía allí. El día en que dejé de verle era especialmente gélido. Pregunté en el bar pero nadie supo darme una respuesta. No la necesitaba. Sabía perfectamente que el viejo habría muerto de frío y soledad y que yo no había hecho nada para evitarlo.


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